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El mundo se ha parado de golpe. Como digo últimamente mucho, el coronavirus ha supuesto un palo en la rueda en toda regla. Y lo que estamos viviendo jamás se recuerda.

A nivel industrial, la cadena de suministro ha sufrido un nivel de interrupción casi total. Muchos fabricantes han cesado completamente su actividad, la demanda ha descendido enormemente para unos y para otros ha experimentado un gran aumento, como puede ser alimentación, material farmacéutico… Pero lo que sí podemos afirmar es que todos los fabricantes se ven afectados por esta crisis y para muchos puede ser una puñalada mortal.

Entrando en la industria 4.0, todos coincidiremos si decimos que es algo que a todos atraía aunque algunos, cada vez menos, todavía no tenían muy claro de qué se trataba realmente.

Algo apasionante, con grandes beneficios potenciales, positivo para todos y con un enorme potencial presente y futuro. Pero, de repente el mundo, como decía, se ha parado y muchos estamos centrados en la salud de nuestros seres queridos y equipos de trabajo y también analizando el impacto financiero que el covid está dejando en nuestras finanzas, personales y empresariales… y en las de nuestros clientes y proveedores, además de estar expectantes sobre el alcance real que tendrá esta pandemia y del tiempo que tardará en volver la normalidad.

Por todo ello, el discurso sobre la industria 4.0 requiere un reenfoque, ya que esos argumentos basados en la reducción de costes, productividad e innovación y una mejora en el funcionamiento de este tipo de empresas chocan frontalmente, muchos casos con la supervivencia y la minimización de daños producidos por este parón.

El impacto económico se está traduciendo en la paralización de muchas inversiones y reducción de gastos, lo que plantea una serie de preguntas:

  • ¿Es momento de pensar en la industria 4.0?
  • ¿Es relevante?
  • ¿Qué papel jugará en el fututo?

La respuesta que valdría sin lugar a dudas a todas las preguntas es que sí, la industria 4.0 no sólo es tan relevante como antes, sino que todavía lo será más a partir de esta situación.

Las prioridades actuales de las empresas podrían resumirse en tres fases:

  1. Supervivencia
  2. Recuperación
  3. Generar negocio

Siendo el objetivo llegar a la fase 3 lo antes posible y al menor costo, utilizando las otras dos fases para reconstruir el negocio aprovechando las lecciones que esta crisis nos deje y que sea más resistente y ágil, preguntándose dónde estaban las debilidades, qué lecciones pasaron la mayor factura y qué se tenía que haber hecho mejor.

Parece que uno de los problemas que genera más vulnerabilidades es la falta de visibilidad en tiempo real de todas las fases del negocio, algo esencial para poder tomar y apoyar, o no, las decisiones críticas de todo negocio.

¿A qué me refiero? Pues por ejemplo…

  • ¿Cuál es la demanda real de nuestros productos?
  • Niveles actuales, en tiempo real, de inventario tanto de materias primas como de productos terminados
  • Capacidad de producción en un momento dado, a nivel de recursos humanos, de activos…
  • Inventario de piezas de repuesto, ubicaciones…
  • Funcionamiento de nuestra red de distribución

La mayoría de las arquitecturas de sistemas suelen estar formadas por una mezcla de aplicaciones y silos de datos, lo que en muchas ocasiones provoca una latencia de la información y la imposibilidad de tener una visión general única en tiempo real sobre el estado de la empresa.

Otro de los aprendizajes que nos queda y que genera una gran área de mejora, son los problemas de organización de personal debido a la necesidad de distanciamiento social.

Durante la crisis los planes de producción cambian, y cambiarán, con mayor frecuencia como resultado de cambios constantes de la demanda y de la disponibilidad de materias primas, personal concreto y activos, y no podemos olvidar que la fabricación tiene un volumen y una frecuencia de transacción mucho más alta que la cadena de suministro. La fabricación es en tiempo real. Sin más.

En algún momento, espero que pronto, llegaremos a la ‘nueva normalidad’ y los fabricantes estarán ansiosos de asegurarse que esto no volverá a ocurrir y aquí es donde la Industria 4.0 podrá aportar más que nunca. ¿Cómo?

  • Ayudando a asegurar que más empresas sobrevivan
  • Acortando la fase de recuperación y ayudando a que las empresas vuelvan a su actividad normal lo antes posible.
  • Proporcionando las armas para desarrollar nuevos negocios, más resistentes a largo plazo.

Y puede hacerlo porque muchas de las capacidades que ofrece, de estar implementadas, podrían haber reducido el impacto del covid19:

  • Visibilidad en tiempo real de la disponibilidad de materias primas, productos acabados, personas y activos.
  • Utilización de Inteligencia Artificial y Machine Learning para reevaluar y planificar constantemente la actividad y, gracias al análisis predictivo, minimizar incidencias y averías.
  • Automatización de procesos robóticos (RPA) para apoyar las actividades sin valor añadido que requieren mucha mano de obra.
  • Uso de tecnología móvil y realidad aumentada / mixta para facilitar la ejecución de tareas para las que no han sido formados, algo que podría haber ayudado en los momentos de confinamiento.
  • Digital twins y apoyo remoto de los fabricantes para mejorar la disponibilidad de los equipos utilizados por la empresa.
  • Impresión 3D de piezas de repuesto.
  • Uso de AGV’s para reducir la dependencia de personas y favorecer el distanciamiento social.

 

 

Muchas de estas tecnologías estaban teniendo una excelente repercusión y estaban siendo implementadas con éxito y, algunas empresas estaban a punto de dar el paso antes de que esto ocurriese, pero como podéis ver, no deberíamos esperar mucho para dar el paso y ponernos manos a la obra en su utilización.

¿Se puede desplegar ahora alguna para que nos ayude a lidiar con la crisis? ¿Cómo podemos utilizarlas para recuperarnos más rápido y hacernos más fuertes a problemas futuros?

Toca hacerse estas preguntas y romper otra barrera de una Transformación Digital exitosa: la colaboración. Una colaboración que empieza rompiendo los ‘feudos’ tradicionales dentro de las organizaciones y de la red de proveedores.

Toca, como decía, hacerse preguntas, poner nuestra foto actual y la de cómo nos gustaría vernos en el futuro sobre la mesa y actuar. Nos jugamos mucho.

 

 

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